Posted by : Miquel Bassart Lorè dimarts, 28 d’abril de 2015

Durante enero han sucedido dos cosas que podrían cambiar el curso de la Unión Europea en estos ocho años que llevamos de crisis. La victoria de Syriza y la compra de bonos por parte del Banco Central Europeo. Las consecuencias de todo esto aún son desconocidas, y cada vez se abren más interrogantes de lo que nos depara un 2015 intenso.

2015 es un año en el que habrá elecciones en España, Suecia, Reino Unido y las ya finalizadas en Grecia. Todo esto puede cambiar el singo político de una UE que durante estos años ha optado por el neoliberalismo, la austeridad, las reformas del modelo productivo y el pago de la deuda. Cualquier intento de cambio ha sido tajantemente erradicado por las presiones de los mercados, el FMI, la Troyka o el BCE. Dígase caso Hollande cuando elevó los impuestos a las rentas más altas, o caso Renzi cuando distribuyó dinero a los ciudadanos para incentivar la demanda. Los precedentes, desde luego, no están con Tsipras, aunque parece que ha entrado en un mejor momento, en un país menos reacio al cambio radical, y sobretodo, con mucha más fuerza.

Ahora parece que hay algunos indicios macroeconómicos que pueden ser indicadores de mejora, a costa de la demanda interna y las clases medias. Y también parece que las deseadas políticas monetarias expansivas que tanto anhelaban los sectores socialdemócratas europeos han empezado a aflorar gracias al fantasma que últimamente recorre por toda Europa, la deflación. La compra de bonos de Draghi y el tipo de interés negativo en Suecia pueden ser la clave para las economías expansivas, siempre y cuando los bancos decidan conceder prestamos con intereses bajos, o en su defecto, que el gasto público aumente y vaya destinado a un incremento de la producción, tal como defienden los socialdemócratas europeos.

Parece ser que este año será clave para determinar a que lado se moverá Europa, si al neoliberalismo o a la socialdemócracia, derecha e izquierda respectivamente. De ello dependerá los primeros resultados del gobierno griego o la capacidad de asociación que tendrán los socialdemócratas europeos Tsipras, Hollande, Renzi, Schulz, Gabriel o Kellal (además de todos los que aspiren a la presidencia en sus respectivos países). Mucho tendrá que ver también el desarrollo de las negociaciones entre los que quieren mantener el status quo y aquellos que quieren democratizar el BCE, desobedecer la Troyka o flexibilidad con la deuda (o directamente su impago ya sea total o parcial). Y desde luego el gran condicionante será si este es realmente el año de la recuperación, no en la macroeconomía sino en la microeconomía, pues la gente optará por la estabilidad.

Todo ello determinará hacia dónde se dirigirá la Unión Europea en estos años de crisis que aún quedan. Sin embargo, hay algunos detonantes que cambiarán totalmente el curso de los acontecimientos: la guerra de Ucrania, el Estado Islámico, los euroescépticos, los procesos separatistas, los problemas con la inmigración o la xenofobia (por nombrar algunos). Hay que estar alerta porqué en momentos de crisis la gente es más sensible a este tipo de fenómenos. Dependerá de la gestión en estos temas de ambas propuestas económicas si los detonantes explotarán en un lado u otro. Parece que 2015 será un año importante, un año para la historia, un año en el que los europeos decidiremos a dónde vamos.    

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