Posted by : Miquel Bassart Lorè dimecres, 20 de maig de 2015

Antes de hablar sobre esta, para mi, obra maestra, decir que para lo que hace referencia a técnica de grabación, decorados o cualq
uier otro aspecto técnico del cine me abstendré de hacer comentarios más allá de las impresiones que me hayan producido. Básicamente por pura ignorancia.
Decir ademas que posiblemente esta obra haya sido estudiada hasta la saciedad, y que todo lo que pueda aportar yo no es más que una simple opinión, tan respetable como la de cualquier otro.

Dicho esto, para que sirva de introducción:
Título original: Rope
Año: 1948
Duración: 80 min
País: Estados Unidos
Director: Alfred Hitchcock
Reparto principal: James Stewart, John Dall, Farley Ganger
Género: Intriga y crimen.

“La soga” es la primera película en color de Hitchcock y la primera y única película en que el maestro del suspense decide filmarla como si de una obra de teatro de un acto se tratara, es decir, todo en un mismo espacio físico sin saltos temporales. Cosa que ya de por si tiene mucho mérito el hecho de poder enlazar toda una trama sin cambiar de lugar ni de espacio de tiempo, ni siquiera de cámara. A pesar de ello, Hitchcock siempre dijo que nunca le gustó como rodó está película, aunque también se ha de tener en cuenta que el siempre fue muy crítico consigo mismo. De hecho, fue el quien dijo “el cine desapareció como arte con la aparición del cine sonoro”, cuando está claro que películas como Vertigo o Rear window fueron obras maestras.

Partiendo de la base de que en todas, o casi todas las películas de Hitchcock hay un asesinato es muy difícil que mencionar que “La soga” gira en torno a un asesinato pueda ser considerado como un spoiler, más aún cuando el nombre de la misma sugiere lo mismo. Es una película que nada más empezar ya engancha al espectador y que, a medida que sigue avanzando la trama, cada vez más y más el espectador sufre, también como en todas, o casi todas las películas de Hitchcock.

Trata sobre una pareja de estudiantes que comparten piso asesinan a un compañero suyo y organizan una fiesta, con los padres, la prometida y el profesor del difunto David, sirviendo la cena sobre el arcón donde yace su cadáver. Todo por pura diversión o amor al arte.
Más allá de que sea una película rodada como una obra de teatro, del argumento en si que ya atrae al espectador, o del sello de calidad de Alfred Hitchcock que saca a relucir por cada gran diálogo, humor negro o momento de suspense que aparece en “la soga”, esta película tiene algo distinto que no puede verse frecuentemente en las obras del genio británico: un trato serio, pero sutil, a dos temas importantes.
Estos temas son, la homosexualidad y el nihilismo. Primero la homosexualidad, ni se dice ni se menciona, pero está allí. Entre los dos asesinos, y protagonistas, salta a la vista ese juego entre lineas, esos pequeños rencores que solo se dan detrás de la atracción, esa admiración y ese miedo. De hecho, se le propuso a Cary Grant hacer el papel de James Stewart y lo rechazó para no verse relacionado con ese tema. Un tema que recordemos que, recién salidos de la Segunda Guerra Mundial, en los Estados Unidos de América era un tabú absoluto. De allí que la adaptación de esta película a la obra de teatro original británica (basada en hechos reales) eliminara constantemente referencias directas a la homosexualidad de los personajes, dejándolo todo en la intuición del espectador, más que alimentada por todos los guiños de los dos protagonistas, y de algún modo, también de James Stewart. Resulta muy interesante ver como se relaciona una pareja homosexual en un momento tan tenso como el que nos presenta la película, más allá de la presión social que deban recibir en la época. No es ninguna consigna política ni social, tampoco un trasfondo ideológico, simplemente plasmar una situación de dos humanos en la que nos muestra su fragilidad, sus dudas y su nerviosismo (de allí los errores que se repiten constantemente hasta el final de la obra).
La segunda es el nihilismo, la falta de valores morales. Normalmente en las películas de Hitchcock los asesinatos se dan por arrebatos de locura o por una desvinculación sentimental entre el asesino y la víctima (en las películas de espionaje por ejemplo). Este podría decirse que es un caso distinto, son dos personas que han cedido a las ideas de Nietzsche promulgadas por el profesor al que invitarán a su obra maestra. Y luego, tal y como sucedió en “Crimen y castigo”, la pareja de asesinos saca su lado humano y comete errores. Se ponen nerviosos, se arrepienten, balbucean y sospechan. Tal vez Hitchcock, quien nunca ha dado oportunidad a los “malos” de salir ganando en sus películas, quiera decirnos que es imposible ejecutar tal acto ante un ser humano con quien se tienen vínculos emocionales estando libre de cualquier paranoia mental. En otras palabras, hay un imperativo moral más allá de la subjetividad de cada uno. De por sí no es una teoría especial, muchos la defienden y no supone nada “rompedor”, ahora bien, la gracia está en el como. Todo sucede con total y absoluta sutileza, más aún teniendo en cuenta la dificultad que supone centrar una película en cuatro ejes distintos (trama del asesinato, diálogos con círculos amorosos, la homosexualidad y el nihilismo), sin parar en ningún momento la acción. Como suele pasar con este director, la ejecución supera con creces la idea, de hecho, sus ideas suelen ser prestadas, como en este caso.

Antes de acabar, mencionar unos puntos o reflexiones personales. La primera es que a pesar de que el papel de personaje que se pasa toda la película intentando descifrar todos los recovecos de la trama en la que se ha metido le quepa como anillo al dedo a James Stewart, está claro que no se sentía tan cómodo con los otros dos ejes importantes de la obra, la homosexualidad y el nihilismo, pues en ningún momento deja caer, ni siquiera con lenguaje corporal, esas señales que si había en la obra original; ni a pesar de sus discursos (tanto en el medio de la película como al final) transmiten la fuerza o convencimiento necesario. Tal vez otro actor habría ido mejor para este caso particular (dicho por un fan de James Stewart).
Otra cosa es un hecho curioso, en este tipo de películas el espectador suele simpatizar con personas que en la vida real odiaría. Aquí nos desesperamos cuando vemos que pueden descubrir a los asesinos, en “Uno de los nuestros” nunca queríamos que se acabara esa locura de mafiosos, y que decir de “Il Padrino”...
Y, ya para acabar, decir que no me dejó del todo contento el final y que habría preferido otros finales alternativos (no leer si no se ha visto la película):
1.-Estando a punto de abrir el arcón los asesinos consiguen convencer a James Stewart que no pasa nada, y el arcón no se abre en ningún momento, pero dejando el suspense abierto durante toda la obra.
2.-En un arrebato de locura, deciden asesinar a Rupert Cadel (cuando tienen la pistola en mano) y acto seguido Brandom también es asesinado por Phillip, quien luego, arrepentido, se suicidaria. Cosa que daría un toque mucho más dramático a la obra y hasta podría ahondar más, manteniendo la sutileza, en los temas anteriormente mencionados.

3.-En ningún momento de la obra se sabe si hay o no un cadáver en el arcón, solo se sospecha, y al final se descubre que lo había o no (no sé que sería más impactante). De este modo, se elimina el suspense, pero por otra parte se gana en la intriga que tendría el espectador para que abrieran el arcón de una vez y saber por fin si hay o no cadáver.

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